La música italiana en los años 50

Mina mazzini y adriano celentano

La música italiana de los años 50 parte de la vuelta a la vida tras la posguerra, la influencia de la música de Estados Unidos y Latinoamérica y una vuelta a la música popular tradicional y folk italiana.

La reconstrucción de Italia, el nacimiento de nuevos ritmos y la vuelta a la música folk italiana

La Italia de los años 50 se centró más en huir de la terrible realidad de la reciente guerra para refugiarse en el sueño, en cuentos de hadas y en el mito de la «Dolce Vita». En efecto en la Italia de los años 50 urge por un lado recuperar la industria cultural del país destruida por la guerra, y por otro, salir al resto del mundo, debido  al fascismo que hizo destacar más la cultura italiana, por lo que la gente sentía curiosidad por las novedades extranjeras.

Es así que en 1946 con la reconstrucción de los medios radiofónicos que conectaban entre el norte y el sur, la radio italiana reinicia su programación y la industria discográfica comienza a reorganizarse. En la posguerra aún siguen activas la VCM , nacida de la fusión con la Columbia inglesa, fundada a finales de los años 20, con La Società Nazionale del Grammofono, creada en 1912 y otras más.

En resumen, el clima de reconstrucción incita a muchos creadores a lanzarse a la aventura productiva. Uno de ellos es Teddy Reno que funda la Compagnia Generale del Disco. Al mismo tiempo la radio relanza concursos para directores de orquesta (uno de los primeros fue Bruno Canfuora, en 1948) y para nuevas voces.  Entre los vencedores del primer concurso promovido por Radio Corriere figuran voces que desaparecerán en esta primera posguerra como Lidia Martorana, Clara Jaione, Elena Beltrami, Ariodante Dalla.

El cine italiano vive su momento más álgido con el neorealismo, gracias a los trabajos de Sica, Rosellini, Visconti, Germi o De Santis. Pero en la canción italiana de los años 50 no hay grandes letras ni melodías, más bien, se ciñen al estilo del Festival de San Remo. Triunfan los mitos de la nostalgia, el sentimiento religioso y la atmósfera campestre.

En estos años 50 emergen nuevos estilos y personalidades que abrirán nuevas tendencias a la música italiana actual. Esta es la época en la que explota la moda del night, triunfa la comedia musical de Garinei y Giovanni, aparecen figuras como Fred Buscaglione, Renato Carosone, Bruno Martino, Sergio Bruni o Nicola Arigliano, entre otros.

Uno de los primeros sectores en remover el panorama de la música tradicional italiana es el de la revista y la comedia musical, donde, además de los antiguos divos de la revista de antaño vienen nuevos autores importantes como Armando Trovajoli, Carlo Alberto Rossi, Lelio Lutazzi, que con sus composiciones ayudan a rejuvenecer la canción italiana. En este mismo periodo, del ambiente del cabaret milanés se difunden canciones escritas por Dario Fo, Fiorenzo Carpi y Giorgio Strehler, a los que se unirán un grupo de artistas entre los que figuran I Gufi, Enzo Jannaci, Giorgio Gaber, Paolo Villaggio y Domenico Modugno.

La escena que sufre mayores revoluciones, es, una vez más, la napolitana, donde los músicos como Renato Carosone someten a la canción napolitana a una revisión radical del ritmo y el estilo mientras nuevos intérpretes, como Roberto Murolo o Sergio Bruni, devuelven la melodía napolitana a su estilo original de canciones italianas de siempre, gracias a su canto elegante y anti retórico.

Roberto Murolo se convierte en una especie de filólogo que recupera la canción tradicional napolitana, destacándose por su estilo de canto sobrio junto a una guitarra clásica únicamente. Sus éxitos más destacados son Munasterio ‘e Santa Chiara Scalinatella.

Renato Carrosone
Renato Carrosone renovó la música italiana tradicional introduciendo ritmos extranjeros

El autodidacta Sergio Bruni, conocido como El príncipe de Nápoles se distingue por su estilo de interpretación vocal rica en vibratos y modulaciones, con la que recupera el alma más visceral del canto napolitano. En 1959 es tercero en el festival de Nápoles con Vieneme ‘n zuonno, que vence en 1962 con Marechiaro, marechiaro y en 1966 con Bella. Además, colecciona numerosas participaciones en el Festival de San Remo a partir de 1960.

En los años 50 la música tradicional napolitana va desapareciendo debido a la demanda del público, y al cambio de modas. Por un lado, hay una gran necesidad de vender discos y sacar dinero con los derechos de autor, por otro, la gente cambia los teatros para acudir a las salas de baile con lo que la música napolitana pasa a convertirse en música ligera mezclada con las tendencias del night. Los cantantes italianos se exhiben con su micrófono por las salas de baile, mezclando letras con ritmos de rumbas, cha cha cha, y ritmos del momento. A diferencia del flamenco, que se mantuvo original a pesar del auge de la música comercial, la música napolitana fue perdiendo su esencia original. Solo en los años 90 con un revival del folk se llegaría a recuperar parte de su esencia, pero jamás sería igual.

Será entonces cuando aparece Renato Carosone, modernizando la canción italiana  tradicional, experimentando con los nuevos ritmos que venían de Estados Unidos y Latinoamérica, como el blues, jazz, el cha cha cha… Lanzando éxitos como Piccolissima Serenata, Mazzurella o su famoso y conocido Tu vuo fa l’americano, donde mezcla el ritmo afroamericano con la canción napolitana y cuya canción es inmortalizada en el film La baia di Napoli, protagonizado por Clark Gable y Sofia Loren. Renato fue despreciado por los sectores más cultos, acusándolo de mancillar la canción napolitana, pero años más tarde, fue aclamado y reconocido por renovar y ser capaz de convertir la música napolitana en un género atractivo y bailable, que llegó a todos los públicos.

Entre la comicidad de Renato Carosone y la seriedad estilística de Sergio Bruni aparece Aurelio Fierro, que llega al éxito en 1954, después de ganar un festival para nuevas voces  en Posilipo, con la canción Scapricciatello. Así inaugura un tipo de canción poco común, pero que tendría una gran acogida, la canción en versión humorística y ligera.

El siguiente sería Fred Buscaglione, quien aparecía vistiendo como un capo de la mafia, siempre con un vaso de Whisky en una mano y el cigarrillo en la otra, con  un estilo de canto recitativo a ritmo de jazz, además de su gusto por los relatos de barrios conflictivos, peleas,   la vida bohemia y nocturna de la Francia y América de los años 50. Aunque la época pedía canciones melodramáticas y lacrimógenas , fue de los pocos que se atrevió a reírse de ese tipo de canciones contestando con temas irónicos y jocosos. Por desgracia murió en el año 60 al estrellarse contra un camión, con lo que Italia se perdió a un gran referente de la canción italiana de los años 50, uno de los pocos que no se rindió a la invasión del rock and roll proveniente de Estados Unidos.

Pero la aparición de artistas como Buscaglione o Carosone no hubiera sido posible si no hubiera emergido la moda del night, un mundo que se movía entre pequeños locales llenos de humo donde la gente iba a enterarse de los nuevos ritmos, descubrir nuevos bailes, y lo que venía de América. Estar allí era como estar en un Nueva Orleans italiano. En estos locales uno podía ver de todo: desde un cabaret, un grupo de jazz o un número de variedades, hasta un striptease. Pero no solo eran lugares pecaminosos, no, además la gente quería descubrir lo extranjero, y los nuevos talentos,  la mayoría de estos se inspiraban en los crooners americanos de los años 50 como Frank Sinatra o Nat King Cole, y muchos de ellos saltaron a la fama a ya principios de los años 60.

Estos últimos, como hijos de los años 50 heredan la costumbre de mezclar la música italiana con lo que venía de los Estados Unidos. Algunos de estos fueron Bruno Martino quien hizo famoso mundialmente su standard de jazz Estate, Nicola Arigliano (intérprete de la canción confidencial que también se hace famoso primero en el extranjero con éxitos como Amorevole, Sentimentale y adquiere la imagen de simpático cantante capaz de entretener al público) Don Marino Barreto jr (inmigrante cubano que se gana la simpatía de toda Italia al cantar canciones tradicionales italianas al estilo latino como La più bella del mondo, Arrivederci, Come prima) , Peppino Di Capri (de nombre real Peppino Faiella, y otros de los protagonistas del night, que se deja atrapar por el rock and roll americano.

Es releyendo el género al estilo napolitano que consigue sus primeros éxitos Nun è peccato, Malatia y Let me cry a finales de los años 50. A partir de 1960 se convierte en uno de los primeros teen idols con temas como Nessuno al mondo, Roberta o Se ti senti sola. Sus versiones de Voce ‘e notte y ‘I’ te vurria vasa refuerzan el estilo de Carosone) , Marino Marini, que acompañado de un cuarteto, consigue la fama con Chella là, Marina y La più bella del mondo, Peter Van Wood, guitarrista del grupo de Carosone y que termina fundando su propia banda cantando sus propias composiciones en un simpático italiano, Franco e I G 5, Riccardo Rauchi, Fred Bongusto que a pesar de formarse en las tendencias del night se hace ya famoso en 1960 con Amore Fermati Una rotonda Sul Mare y que como su apellido decía, supo mantener el buen gusto,  y en parte Tony Dallara que supieron heredar el estilo de Carosone: mezclar la música tradicional italiana con la americana, haciéndola bailable y divertida.

El night fue un estilo musical pasajero que si bien tenía los días contados ayudó mucho a la música italiana a abrirse musicalmente al mundo y a salir de su mundo campestre y de baladas melodramáticas para irse hacia el jazz y las tendencias que venían de fuera, sobre todo, de América.

La música de autor, el fenómeno televisivo y los urlatori

A finales de los años 50 termina en Italia , como en casi todo el mundo, la posguerra. Aparece sobre los escenarios un tal Domenico Modugno, un bigotudo del sur, que gana en el octavo Festival de SanRemo con el tema Nel blu, dipinto di blu, canción que pasaría a la historia como Volare. Modugno, aparece sobre el escenario de San Remo de aquel 1958 rompiendo todos los esquemas. Su performance teatral y altamente emotiva, lanzando los brazos a lo alto, (las normas del festival solo permitían actuar con los brazos ligeramente apartados de los costados sin hacer muchos movimientos), su letra surrealista y su música con una orientación rítmica moderna, que mezclaba influencias soul con el estilo de los juglares del sur de Italia fue una novedad rompedora en la época. Eso sin olvidar su forma de cantar, más dada al canto recitado que al canto melódico, con un exceso de gestos (en realidad era actor). La verdad es que nadie confiaba mucho en Volare, por lo que tuvo que cantarla el propio Modugno. Hasta el momento ningún autor había cantado sus propias canciones, pero en este caso ningún intérprete se atrevió, ya que era demasiado arriesgado cantar una canción de tal calibre, que tanto se alejaba del modelo de interpretado en SanRemo. La canción consiguió tal éxito que vendió un millón de copias en Italia, y para final de año había vendido veintidós millones en todo el mundo.

Modugno demostró con Volare que podía triunfar un nuevo modelo de canción en SanRemo, además de poner de moda el artista que interpreta sus propias canciones, más conocido como cantautor. Será modelo a seguir por los siguientes artistas que vendrían en los años 60 como Luigi Tenco, Fabrizio de André o Gino Paoli.

En realidad el éxito de Modugno no fue solo debido a Volare, sino también al desarrollo de la industria musical. La explosión de Volare viene acompañada de una novedad técnica muy importante para la reproducción fonográfica: la aparición del single a 45 rpm. Entre 1948-49 la Columbia  y RCA habían lanzado en América el sistema de reproducción discográfica en microsurco, a 33 y 45 rpm, para sustituirlos por el anticuado 78 rpm, más rígido e irrompible. El nuevo soporte era más manejable, más simple de escuchar y menos perecedero. En 1951 llega a también a Italia, pero el 33 rpm contiene sobre todo música lírica. Viene lanzado por la RCA. La primera multinacional del disco que propone una nueva concepción de la producción discográfica en las que adquieren gran peso los directores artísticos y comienza a darse la idea del marketing musical, un concepto aún misterioso para una Italia muy provinciana.

En 1958 emergen novedades importantes en el terreno de la industria musical. Inicia el boom del disco a 45 rpm (se venden diez millones de piezas con un incremento del 100% sobre el año precedente) y desaparece definitivamente de la escena el 78 rpm.

¿Las razones? La aparición de aparatos portátiles y el famoso jukebox, imponiéndose  nuevos géneros musicales construidos a medida de las exigencias del público, sobre todo el más joven. En Milán nace la casa Dischi Ricordi, hasta ahora solo una editorial musical, que gracias al empeño de Nanni Ricordi, el dirigente al que se le encomienda la misión de construir junto con otros la nueva empresa, lanzará las primeras canciones de autor de Umberto Bindi, Luigi Tenco,y Gino Paoli entre otros.

Un acontecimiento de importancia extraordinaria, desatado tras la victoria de Modugno pero que constituye el ideal proseguimiento y señalará el desarrollo de la canción Italiana en el futuro. De aquel núcleo de jóvenes artistas, emergerá una nueva generación  que dominará la escena de los años 60. Además de los citados anteriormente, aparecerán cantantes como Sergio Endrigo, Ornella Vanoni, Enzo Jannacci, Ricky Gianco (por estos tiempos  bajo el seudónimo de  Sanna) y Maria Monti.

Mientras tanto se perfecciona el registro en alta fidelidad y en Italia debuta un nuevo medio de comunicación: la televisión, que amplifica al máximo  gestos, vueltas y los nuevos escenarios del espectáculo. El lanzamiento de brazos altamente teatral de Modugno obtiene un impacto grandísimo gracias a la tele, que lo lleva al gran público, ese público que años antes había disparado la audiencia con éxitos de la época como Lascia o Raddoppia, Telematch y sobre todo Il Musichiere . Este fue el más importante, ya que fue uno de los primeros programas musicales de la TV italiana, y también uno de los primeros ejemplos de pasaje en TV de talentos provenientes de las variedades.

Además de los nuevos aires musicales traídos por Modugno, viene en Italia otro estilo proveniente de América. Como ocurrió en casi todo el mundo (hasta en Brasil hubo un rock americano-brasileño), Italia cayó rendida ante el rock’n’roll americano. Los contoneos provocativos de  cadera de Elvis Presley, los gritos y gorjeos, dejaron huella en el panorama italiano para sustituir a las canciones de letras empalagosas, melodramáticas con ritmos lentos y aburridos. Del rock de los años 50, allí emergieron unos aspirantes a rockeros como Adriano Celentano, Mina (por esta época, Baby Gate), Tony Dallara, Giorgio Gaber, Ricky Bianco, Betty Curtis por nombrar algunos.

Mina mazzini y adriano celentano
Mina y Adriano Celentano en la película Urlatori alla Sbarra

Se les llamaba despectivamente urlatori (gritones) debido a su estilo de canto desenfrenado,  consistente en gritos y agudos que se cortaban simulando una especie de hipo (lo que se conoce como estilo terzinato). Podemos apreciar este estilo en canciones como Tintarella di Luna, cantada por Mina.

Si bien Domenico Modugno fue quien acabó con el antiguo régimen musical, Adriano Celentano fue quien se encargó de convertirse en el primer ídolo juvenil musical de  Italia.  Llamado Il mollegiatto (el elástico)  debido a sus movimientos que le hacían parecer de goma, mitad Elvis y mitad Jerry Lee Lewis, este milanés supo dar al público joven lo que quería. Nuevos ritmos provenientes de América, acompañados de letras con las que los jóvenes se sentían identificados. Celentano supo como nadie ganarse el título de rockero oficial italiano, y si bien sus primeros temas (entre finales de los años 50 y principios de los 60) trataban temas adolescentes, a partir de mediados de los 60 sus letras adquirirían un contenido más social. Su puesta en escena y  su poca vergüenza (actitud imprescindible de cualquier rockero que se precie), encarnaron el inconformismo juvenil de la época. Sus éxitos más destacados de esta época son Ciao ti dirò o Il tuo baccio è come un rock.

La referencia femenina de urlatore (urlatrice), la tenemos en Mina. Con el seudónimo de Baby Gate en sus comienzos, supo como nadie pasar de urlatrice a diva indiscutible de la música italiana. Sus temas más famosos como urlatrice son Tintarella di Luna, Nessuno o Splish Splash (versión  italiana del famoso tema de Bobby Darin).

El movimiento de los urlatori dejó testimonio en algunas películas como Urlatori alla Sbarra  (1960) o I ragazzi del jukebox (1959), Jukebox – Urli d’amore (1959) y I teddy-boys della canzone (1960), donde aparecen como protagonistas algunos cantantes ligados a esta corriente: Adriano Celentano, Mina, Tony Dallara, Betty Curtis o Little Tony entre otros. Los argumentos de estas películas reflejaban el mundo urlatori: jóvenes rebeldes que aspiran a  estrellas del rock al precio que fuera. Estas películas pretendían más bien promocionar a los artistas que aparecían en ellas.

Además de Mina aparecieron otras futuras divas femeninas de la música italiana en los años 60, que por ahora hacían sus pinitos. Ornella Vanoni, que comenzó en los años 50 con temas como Ma mi, Le mantellate, La zolfara, Hanno ammazzato il Mario y más tarde alcanzaría fama internacional por la adaptación del tema brasileño  L‘appuntamento, Dalida (Jolanda Gigliotti), que  triunfó a finales de los años 50 con Bambino, o las cantantes Milva e Ivana Zanicchi, ahora con escaso protagonismo, pero que serán consideradas en los siguientes años 60.

 La canción política, los cantautores de la escuela genovesa y divas italianas

El año 1958 no es sólo un año significativo en cuanto a la canción italiana sino también en lo político y social. La muerte de Pío XII provoca su sustitución por Juan XXIII, en Francia De Gaulle impone el régimen presidencial, y en Cuba triunfa la revolución cubana con Fidel Castro y el Che Guevara. Por si fuera poco emerge la canción política.

En el verano anterior surge en Turín el trabajo de los Cantacronache un colectivo que reunía artistas como Fausto Amodei, Margot, Sergio Liberovici, etc. y escritores como Franco Fortini e Italo Calvino, para construir una canción que deja espacio a lo social, político y a la crónica.

El colectivo de los cantacronache nace a raíz de la desilusión y el cansancio de las letras de amor repetitivas típicas del festival de SanRemo, que ellos llamaban «gastronómicas». Osea, canciones comerciales hechas para ser consumidas pero que solo servían para entretener y no para calar hondo en las conciencias de las mentes. Los ejemplos de éxito en el extranjero en cuanto a canción política como George Brassens y Bertolt Bretch con su L’opera da tre soldi animaron al colectivo en creer que otro tipo de canción era posible. Una canción que contuviera la narración histórica, la crónica, la realidad política y social y no meras letras insustanciales.

Tras escribir algunas canciones, entre las que figuraban La ballata del soldato Adeodato, se invita a la escucha a amigos y otros militantes, suscitando interés de algunos intelectuales, escritores y músicos como Giacomo Manzoni, Franco Parenti, Dario Fo, Giustino Durano, además de los ya citados Calvino e Fortini.

La primera salida oficial del grupo será la participación en el desfile de la C GIL, con la ocasión del 1 de mayo de 1958, seguida pocos días después del espectáculo en la Unione culturale de Turín 13 canzoni 13, que transforma el modelo para futuras manifestaciones públicas del colectivo.

Desde entonces Cantacronache proseguirá la actividad según las directrices culturales indicadas por Sergio Liberovici y válidas por el momento, mientras era aún posible separar la canción de consumo de la política.

Afortunadamente, la iniciativa de los Cantacronache no fue la única. En 1962, por obra de Gianni Bosio y Roberto Leydi que hace ya algún tiempo mantenían contacto con los cantacronache, nace en Milán el nuevo Canzoniere Italiano aunque su objetivo no será el mismo que el de los cantacronache: estos propondrán recuperar la tradición musical italiana. Sólo será más tarde cuando gracias a Ivan Della Mea se una la intención de hacer una canción política.

El primer resultado de esta actividad es la colección de Ballate della piccola e grande violenza, a las cuales siguen dos espectáculos de teatro político y musical. Bella Ciao, presentado en Spoleto en 1964 por Roberto Leydi y Filippo Crivelli y Ci ragiono e canto, en escena en Turín en 1966 con la dirección de Dario Fo, donde son recogidas canciones de la tradición junto a las políticas de autor.

A partir de ese momento, el grupo funcionará como un laboratorio en el que nuevos autores como Giovanna Marini, Gualtiero Bertelli, Rudy Assuntino, Paolo Pietrangeli, usarán el terreno de la tradición como espacio de búsqueda para transformarlo en una propuesta e instrumento de batalla política.

Pero esta ilusión por construir una canción alternativa cultivada por estos dos colectivos continuará mientras se mantengan fuertes tensiones políticas, terminando por desaparecer hasta que de nuevo renazca al alba de los años 90, en los escombros de la periferia urbana, donde una nueva canción reencontró razones similares a las de  los Cantacronache.

A finales de los años 50 Milán se convierte en la capital donde sucede una gran transformación industrial y musical.  El sector discográfico también crece y aparecen nuevas casas discográficas abiertas a las propuestas de nuevos artistas. Así, se convierte en la capital del renovamiento de la canción. Aquí entrarán en escena  artistas como Gino Paoli, Luigi Tenco, Bruno Lauzi, Umberto Bindi, Sergio Endrigo, Piero Ciampi, Fabrizio De André, además de los ya citados Giorgio Gaber e Enzo Jannacci.

Cantautores italianos de la escuela genovesa
Gino Paoli abajo a la izquierda, y Luigi Tenco con un cigarro en la mano. Dos de los cantautores de la escuela genovesa italiana.

Si recordamos que a  finales de los años 50 y principios de los 60 aún se mantenía el estilo urlatori en SanRemo, ya para 1961 aparecen los primeros autores. Gino Paoli en pareja con Tony Dallara interpretando Un uomo vivo, Giorgio Gaber junto a Maria Monti con Benzina e cerini y Umberto Bindi con Non mi dire chi sei.

Son autores que lanzan sobre el escenario de SanRemo un estilo nuevo. En particular, los genoveses, traen la pasión por la música francesa y el jazz, otros, como Bindi (de los pocos que tenía una educación musical de conservatorio), influencias clásicas, y otros como Lauzi, Endrigo y de André, una versión culta del folk.

El resultado es una revolución linguística y de contenido para la canción italiana que recupera la tradición de la novela, mezclada con sentimentalismo, convirtiéndola en balada, pero no en letras de amor empalagoso e insustancial típicas de las canciones de SanRemo presentadas hasta entonces, sino tratando el amor de formas inusuales y una búsqueda sonora distinta, (un buen ejemplo es Fabrizio de André).

Se abre así un proceso que verá triunfar la canción de autor (la que es cantada por el mismo compositor, algo raro en esa época) que seguirá dos direcciones: una que se produce de la creación subjetiva de los autores  (Paoli, Bindi, Endrigo, Tenco, Conte, Guccini, Vecchioni, ecc.), y otra experimental  (Battisti, Dalla, De André, Fossati, Gaetano, ecc.) buscando superar la forma tradicional de la canción.

Además ayudan las aportaciones musicales de Ennio Morricone y la ayuda de la Casa Ricordi, que entre 1958 y 1960, es tomada por Nani Ricordi y Franco Crepax, dos jóvenes inconformistas que quieren cambiar la escena musical apostando por jóvenes cuyas canciones jamás tendrían una oportunidad en las grandes multinacionales, abiertas solo a grandes éxitos comerciales. Con escasos medios a su disposición y  la ayuda de los músicos como los hermanos Reverberi, realizan audiciones a numerosos nuevos talentos y para su sorpresa, muchos de ellos adquieren un gran éxito. Muchos son jovencitos cuyas voces no han sido educadas en el canto, tan sólo poseen un timbre único y una forma personal en su forma de cantar.

Las turbulencias políticas y sociales hicieron entrar en escena autores cuyas letras hablaban de la realidad, para bien y para mal, (tal vez más para mal), de sus deseos, del amor, con sus desilusiones, sus sufrimientos, basado en las experiencias personales de los autores y no en una versión idealista y edulcorada como las de SanRemo.  Gino Paoli (que se intentó suicidar en 1963 con una pistola pero se salvó de milagro) y Luigi Tenco, (que lo hizo de la misma forma en 1967  consiguiendo su meta) son ejemplos claros de los autores de la época. Jóvenes desencantados con la sociedad capitalista del boom económico de finales de los años 50 y principios de los 60, que mostraban su amargura a través de bellas composiciones. Por primera vez el público joven empieza a interesarse por canciones de letras sustanciales, que sirvan para algo más que un mero entretenimiento. Si bien los urlatori reivindicaban desfogar sus sentimientos como descontento ante la sociedad, estos nuevos artistas representarán los sentimientos más profundos y sufrimientos del mundo juvenil, algo parecido a lo que representó el rock and roll en todo el mundo. No era casualidad que autores como Luigi Tenco fueran fieles adeptos del rock americano (de hecho, muchos empezaron formando grupos de rock a finales de los años 50).

Aunque la actividad musical radicaba en Milán, lo cierto es que la mayoría de estos nuevos autores del «malestar» procedían de Génova. Autores como Luigi Tenco, Gino Paoli, Fabrizio De André, Bruno Lauzi, Umberto Bindi, pertenecen a lo que se denominó La escuela genovesa.

A estos se añaden otros como Piero Ciampi y Sergio Endrigo, que provienen de otras ciudades italianas. En realidad todos estos cantantes provienen del mito culto de la canción francesa y el jazz.

De algunos de estos autores podemos destacar Mi sono innamorato di te y Ciao Amore, Ciao, De Luigi Tenco, cuya última canción le llevó al fatal desenlace de SanRemo en 1967, Fabrizio de André con sus canciones típicas de soldados que morían en el frente y dejaban desoladas a sus viudas, como La ballata dell’eroe o la célebre Canzone di Marinella (trata sobre una joven e 16 años que se ve obligada a prostituirse y es asesinada) que se hizo famosa gracias a la interpretación de Mina, Sapore di Sale o Il Cielo en una stanza, (composición que se hizo famosa también gracias a Mina), Il nostro concerto de Umberto Bindi, L’ombrello di mio fratello, canción de Enzo Janacci, quien solía hacer temas de letras hilarantes, y Canzone per te, de Sergio Endrigo, y que canta junto a Roberto Carlos dándole la victoria en la edición de SanRemo de 1968.

La mayoría de los cantautores italianos se hicieron famosos al dejar que otros cantaran sus temas, que curiosamente solían ser divas como Mina, Ornella Vanoni, Milva o Ivana Zanicchi. Tal fue el caso de Gino Paoli quien tuvo más suerte como compositor con Il cielo in una stanza, aunque otros como De André que además de pegar el salto al dejar que Mina cantara su Canzone di Marinella, consiguieron alcanzar el éxito como cantantes al conseguir ser vistos por los medios masivos.

Este ha sido un gran viaje por la música italiana de los años 50. Seguiremos navegando en este viaje en nuestra próxima parada. La música italiana de los años 60. No os lo perdáis.

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El post más completo de la historia de la música italiana de los años 50. Desde el night y el rock, hasta el folk italiano y la canción de autor.
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